martes, 9 de febrero de 2010

Indigenismo

Una visión joven sobre el indigenismo latinoamericano: religión, capitalismo y espera...


Que rápido pasa la vida del indígena, con ese paso lento pero constante que nunca deja de añejar su mirada, de raspar la piel, de desgastar el alma. Caminan y caminan y caminan sobre la línea de la historia por ese mismo sendero rocoso, lleno de tierra y que siempre es de subida; un camino estrecho dónde el pasado, el presente y el futuro se conjuntan y sólo son uno, dónde la vida sólo es vida y los sueños sólo son sueños. Mientras avanzan con el sol de frente su sombra no se cansa y ellos no ceden ante el peso de arrastrarla, inmensa por todas las historias de antaño y las leyendas de los antepasados, de grandes dioses y ciudades majestuosas; recuerdos heredados que componen la esperanza y los paraísos del futuro también. Es por eso que cada paso es nostalgia y anhelo, tristeza y alegría, antes y después, y lo único que queda en medio de todo eso es vivir, o sobrevivir para llegar algún día.

Sobre la misma subida buscan llegar al mismo valle verde del que partieron y tras siglos de andar, confundidos por santos, perdidos por nuevas promesas, dolidos por miles de heridas… la ruta que recorren es ya un misterio. El tiempo sobre el que respiran es otro mientras el mundo crece a su lado, invadiéndolos sin tener idea de cómo convivir, sin saber si acoplarlos, aislarlos, ayudarlos o volverlos a pisar. Mientras tanto ellos sólo piden un poco de dignidad y supervivencia: el instinto más básico de cualquier cultura.

Un indígena no es sólo el mismo, sino toda su raza y toda la raza es sólo uno; tal vez por eso puedan perforar los ojos con la mirada, o seguir avanzando con inercia que se extiende mucho más de lo que dos rodillas humanas pueden aguantar, o… o…

Que rápido pasa la vida del indígena… Que rápido deja el niño la pelota; que rápido aprende lo que es trabajar; que rápido se convierte el adolescente en esposo y la adolescente en madre; que rápido se repite el círculo. Los esposos se vuelven abuelos y los abuelos ancianos. Tan rápido que al ver su cara llena de arrugas parece envejecerse cada segundo enfrente de tus ojos, y en su mirada aún está el niño y la niña que recuerda apenas haber dejado de jugar como si fuera ayer.

Ningún hombre es más hombre y ninguna mujer es más mujer porque sólo son eso, y dentro de ese papel son todo: niños, niñas, trabajadores, recolectoras, amantes, invasores, entregadas, jefes de familia, amas de casa, padre, madre, ejemplo, protectores, consoladoras, sabios, sabias, familia, comunidad, historia, caminantes de principio a fin de su vida; dentro de un principio que fue hace demasiado y de un fin completamente incierto, como mariposas perdidas en una migración eterna… aleteando por naturaleza. 


Diego Morales

Capitalismo

Aqui les mando una lectura muy buena sobre los ismos y la necesidad de reinventarnos. El autor es Santiago Alba, escritor y ensayista español nacido en los 60s:

Abrazo

El mismo día en que la FAO informa de que el hambre afecta ya a casi 1.000 millones de seres humanos y valora en 30.000 millones de dólares la ayuda necesaria para salvar sus vidas, la acción concertada de seis bancos centrales (EEUU, UE, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza), inyecta 180.000 millones de dólares en los mercados financieros para salvar a los bancos privados.

Frente a un dato como éste sólo caben dos alternativas: o somos demagógicos o somos realistas. Si invoco la ley natural de la oferta y la demanda y digo que en el mundo hay mucha más demanda de pan que de operaciones de cirugía estética y mucha más de alivios contra la malaria que de vestidos de alta costura (y mucha más también de viviendas que de créditos hipotecarios); si reclamo un referéndum kantiano que pregunte a los ciudadanos europeos si prefieren destinar las reservas monetarias de su país a salvar vidas o a salvar bancos, estoy siendo sin duda demagógico. Si, contra la razón y la ética, acepto que es más urgente, más necesario, más conveniente, más eficaz, más provechoso para la humanidad, impedir la ruina de una aseguradora y la quiebra de una institución bancaria que dar de comer a miles de niños, socorrer a las víctimas de un huracán o curar el dengue, entonces estoy siendo realista. No hay en mis palabras ni una brizna de ironía. Las cosas son así: una verdad redonda que no consiente aplicación es demagógica; una monstruosidad puntiaguda que no admite alternativa es realista. Para tener mucho o tener poco -o incluso para tener sólo las ganas de tener algo- hay que dejar de lado todas las redondeces y aceptar todas las puntas y todos los pinchos. La minoría organizada que gestiona el capitalismo -ministros, banqueros, ejecutivos multinacionales, corredores de bolsa y periodistas económicos- puede invocar a Hayek con arrogancia en momentos de bonanza y exigir con aplomo la intervención del Estado cuando está a punto de despeñarse porque sabe que su impunidad es proporcional a nuestra dependencia. Por eso mismo -admitámoslo- los ciudadanos europeos convocados a un hipotético referéndum kantiano (“el banco o la vida”) responderíamos sin duda con realismo a favor de los bancos, conscientes de que todo lo que nos importa -desde el abrazo de nuestras novias hasta la sonrisa de nuestros niños- es una concesión suya. La minoría organizada que nos gobierna ha tomado como rehén a la humanidad y, si no acudimos en ayuda de los secuestradores, puede ahora rematarnos a todos.

Para una humanidad cautiva es realista ceder al chantaje y dejar a un lado la verdad, la compasión, la sensibilidad, la solidaridad. Un sistema que, cuando las cosas van bien, mata de hambre a 1.000 millones de personas y que si van mal puede acabar con todo el resto, es un sistema no sólo moral sino también económicamente fracasado. En esto tiene razón el periodista Iñaki Gabilondo y es bueno, casi ya revolucionario, que lo escuche mucha gente [1]. Pero se equivoca al evocar la caída del Muro de Berlín, por muy retóricamente eficaz que sea la ocurrencia, porque si algo tuvo que ver el capitalismo en la derrota de la Unión Soviética, no puede decirse que la Unión Soviética -ya desaparecida- sea la causa de la agonía capitalista. El capitalismo, sencillamente, no funciona.

Hay algo hermoso, emocionante y precursor en el hecho de que seis Estados poderosos hayan coordinado una acción concertada para intervenir masivamente en la economía: eso es lo que se llama “planificación”. En tiempos de Marx, el capitalismo era sólo “una excepción en algunas regiones del planeta” y, si ha llegado a cubrir el conjunto de la superficie del globo, ha sido gracias a una permanente intervención estatal, a una “planificación” ininterrumpida que combinaba y combina los desalojos de tierras, las acciones armadas, las medidas proteccionistas, los golpes de Estado y los acuerdos internacionales. Nunca a lo largo de la historia un experimento económico ha dispuesto de medios más poderosos ni de condiciones más favorables para demostrar su superioridad. En los últimos sesenta años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, etc.) que han excogitado en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. Después de 200 años de existencia libre, apoyado, defendido, apuntalado por todos los poderes y todas las instituciones de la tierra, el trasto viejo y homicida nos ha traído hasta aquí: 1.000 millones de seres humanos se están muriendo de hambre y, si no corremos ahora a socorrer a los culpables, los demás quizás acabemos enterrados con los más pobres después de habernos matado unos a otros.

Parece, pues, que planificar para salvar bancos y aseguradoras no sirve. ¿Y planificar para salvar vidas? Esto no lo hemos probado aún. Capitalismo y socialismo no se retaron en mundos paralelos y en igualdad de condiciones, cada uno en su laboratorio desinfectado y puro, sino que el socialismo nació contra el capitalismo histórico, para defenderse de él, y nunca ha fracasado porque nunca ha tenido ni medios ni apoyos para poner a prueba su modelo. Lo poco que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. Cuando se habla de “socialismo en un solo país” se olvida que igualmente imposible es “el capitalismo en un solo país” y que por eso se ha dotado de una musculosa organización internacional capaz de penetrar todos los rincones y todas las relaciones. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el F.M.I? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán? Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría.

Cuba es el único país del mundo en el que, incluso después de un ciclón que ha destruido el 15% de sus viviendas, lo realista sigue siendo salvar vidas y lo demagógico robarle la comida a un hermano. En EEUU, tras el paso del mismo ciclón, lo realista es que la fiscalía de Texas monte un dispositivo para proteger de los delincuentes sexuales a las víctimas de la catástrofe y lo demagógico es pedir ayuda económica al gobierno. Ahora Iñaki Gabilondo se lo ha dicho a millones de españoles que creían esto eterno y natural: planificar para salvar bancos no sirve. ¿Y planificar para salvar vidas? Es el único medio que existe para que el realismo deje de ser criminal y la verdad, la compasión y la solidaridad dejen de ser demagógicas.

 

Santiago Alba Rico

Durkheim

Aqui les mando una biografia de Durkheim

Abrazo

http://www.youtube.com/watch?v=JujdzRG8hAI