viernes, 7 de mayo de 2010

Un poco de música nueva para cerrar

Este nuevo artista mexicano se encuentra en una constante batalla entre su mente y sus emociones explorando ideas y abriendo puertas que mucha gente no se atreve a abrir... Su música es profunda y directa, sin miedo a gritar lo que se antoje, utilizando bases menores metiendo cambios tonales de vez en mes, este proyecto es de lo último que ha hecho al independizarse de su última banda. 

http://www.myspace.com/seduciendoalamuerte

Echenle un ojo, es una propuesta completamente nueva con un estilo innovador. 

La evolución de la conciencia en un mundo enredado

Me interesa la visión "no académica" sobre los temas vistos, los blogs que pueden pertenecer a cualquier ciudadano del mundo: 

Bourdieu y el poder de la violencia simbólica

Lunes 8 Febrero, 2010 · 2 comentarios

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Releyendo lo que subrrayé en ocasión de leer el texto dePierre Bourdieu (1930-2002)Intelectuales, política y poder, de la Editorial Eudeba encuentro mucho material que resulta sumamente interesante compartir con todos uds. El reflexionar sobre la naturaleza y esencia del poder me apasiona y Bourdieu es un exponente magistral que pone al descubierto la trama de relaciones que se ocultan alrededor del concepto.

Para Bourdieu, el poder es presencia ineludible y da lugar a una violencia simbólica que oculta las relaciones de fuerza verdaderas. Según afirma: “Todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significados e imponerlos como legítimos disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza”.

Estas relaciones de fuerza que se ocultan al instaurar un poder de violencia simbólica, al imponer unos significados legítimos ilegitimando a otros no convenientes, contrarios, fortalecen el ejercicio del poder al ocultar la procedencia del poder. El poder simbólico busca pasar de relaciones arbitrarias, de clara dominación a relaciones legítimas, inculcando cierta cosmovisión arbitraria. Se trata de un proceso de conversión en aras de “suavizar” la dominación.

Del derroche de fuerza, de la violencia física, se pasa a la búsqueda, donde las fortalezas se encuentran en las capacidades de los dominadores de “hacer creer a los dominados que ellos tienen una autoridad legítima. De manera tal que el poder se oculta detrás o, mejor dicho, por todos lados mediante la creación de autoridad. Así, la fuerza del poder se multiplica exponencialmente cuando su presencia está ausente.

La “reproducción” de la violencia simbólica se da cuando la dirección de los contenidos sociales excluyen a otros, estigmatizándolos como contrarios al orden y ocultan “la verdad objetiva” sobre cómo se erigieron como legítimos.

Las tecnologías simbólicas se van orientando más hacia una suerte de economías del poder que aseguran la disminución del gasto demostrativo del poder, como son los signos de riqueza. Así, el poder deja de estar en la operación, pero siempre hace sentir sus efectos.

Para Bourdieu, la institucionalización es una economización del ejercicio del poder. Observa en la institucionalización algo parecido a las tecnologías disciplinarias y panópticas de Foucault, ya que el valor social se disloca, la autoridad se transporta hacia otro lugar que no es “uno” sino “algo”: la institución. La institucionalización prescinde de la muestra del poder y su parafernalia. Se instituye un cuerpo de normas, se institucionaliza una creencia.

Cualquier sociedad está constituida por una trama interminable de relaciones de fuerza que se auto-ocultan en el poder simbólico. Según afirma: Creer la mentira no es precisamente un acto de inocente credulidad. Creer la mentira es, de hecho, crear la verdad. Según Bourdieu, el poder simbólico es un juego de verdad y no-verdad. Lo falso está dentro del circuito de la verdad. La no-verdad, simplemente, está excluida, exiliada en otro mundo simbólico, alternativo. No son “falsos caminos”, sino mundos simbólicos exiliados, y los juegos falso-verdadero nada tienen que ver con el juego hegemónico de la verdad “verdadera”. Así pues, creerse la mentira es crear la verdad y ejercitarla como poder simbólico que circula como un fluido que teje el lazo social.

La verdad derrotada es convertida en una no-verdad, es decir, que se la envía al exilio de los simbólico donde ya no significa, ya ni siquiera es mentira, pero no desaparece. El poder simbólico se ejerce cuando no se ven a primera vista las relaciones de fuerza. Es decir, cuando ha mandado al exilio otras maneras de ejercer el poder y es ejercido en todos los lugares del cuerpo social, permitiendo que los poderosos mantengan ese poder y los dominados no aspiren a obtenerlo.

La educación es un proceso a través del cual se realiza la reproducción de la arbitrariedad cultural mediante la producción de lo que Bourdieu llama habitus, transmitiendo la formación como información. El habitus es un principio generador y un sistema clasificador de niveles sociales. Son las disposiciones que con el tiempo de vivir en una sociedad vamos adquiriendo, nuestra manera de actuar. Funciona en la mayoría de manera inconsciente en nosotros. El habitus es la generación de prácticas que están limitadas por las condiciones sociales que las soporta. Es el punto en el que convergen la sociedad y el individuo, pues es una ola, que por un lado nos dice la manera a ser, o es la manera en la que uno ya ha asimilado, tal vez de manera inconsciente- sus patrones y la voluntad de uno propio y de querer, o no, modificar ese habitus. No es un simple estilo de vida que se deriva de pertenecer a una clase sino que implica la totalidad de nuestros actos y pensamientos, pues es la base con la cual tomamos determinadas decisiones.

Las diferentes acciones pedagógicas que se ejercen en los diferentes grupos o clases colaboran objetiva e indirectamente a la dominación de las clases dominantes a través de la generación y reproducción del habitus haciendo que las acciones pedagógicas actúan como instrumentos de encubrimiento y, por eso, de legitimación. Los derrotados lo son en tanto asumen el circuito de la verdad y desde ahí descubren la mentira, pero no pueden configurar una no-verdad que se oponga a los arbitrarios culturales. Tal vez haya llegado el momento de configurar otras nuevas realidades que se opongan a esos circuitos culturales. Creo que por alí va la cosa…

Julio Cortazar; Ordinaria locura

“...has visto… has tocado…has vivido… has sabido…”. Julio Cortazar

Lo conocí por La vuelta al día en ochenta mundos, un libro que mi mamá guardaba con extremado cariño y que llamó mi atención por los grabados que tenía, que luego descubrí eran sobre obras de Julio Verne. Quizá, y debo decirlo aunque me apene, me acerqué a él movida por el nombre, parecido pero al revés, al de una caricatura de la obra de Verne, precisamente, en donde Phileas Fogg y Passpartout intentan en 80 días recorrer el mundo de cabo a rabo. Pero ellos pasaron a ser historia, cuando descubrí entre letras y dibujos a los cronopios, a las famas y a las esperanzas. 

Lleno mi mente de imágenes maravillosas, de palabras pero sobre todo de conceptos, de toda una cosmovisión creada por él que ha trascendido a su autor y ha pasado ya a formar parte del imaginario que lega al mundo América Latina. 

Luego me encontré con Casa tomada y, aunque en ese momento no entendía del todo el significado de esa historia, soñaba con ser la muchacha del Dauphine en una carretera como la de La autopista al sur e intentaba borrar de mi mente la imagen asquerosa que me hice de los conejitos del cuento Carta a una señorita en Paris. 

Rayuela me impactó, me envolvió, me descuadró más bien. Con Lucas sentí mucha empatía. Siempre quise entrar a un café y pedir azúcar, azúcar, imitar el zumbido de una mosca y salir silbando, como si nada, cual metáfora de la vida se tratara. 

Ya después encontré su imagen captada por Sara Facio en los jardines de la Unesco, en Paris, que me mostró María Cristina Orive y me detuve a conocerlo más a través del Último Round, el mejor collage de la historia. 

Amaba como yo el box y los gatos, del jazz no soy precisamente fan. La entrada a la religión de Teodoro W. Adorno, me hizo ver más especial a mi felino amarillo. 

Con sus instrucciones aprecié mi llanto, mi canto y lo recuerdo a veces cuando subo una escalera. Y luego ya con el aplastamiento de las gotas, las gotas de lluvia, de llanto, me permití derramarme igual, angustiarme igual, sufrir igual. 

Hoy hace 25 años dejó de respirar, más no de vivir, porque cada letra, prosemas y meopas, lo hacen vivir en quienes a través de su ingenio de cierta forma de nuevo nacemos.

Banksy

Siguiendo un poco el hilo de la publicidad como espacio de violencia oculta... Este artista esta involucrado políticamente en muchos temas no solo de su nación sino humanos.

Su obra es muy interesante echenle un ojo si les interesa:

www.banksy.co.uk

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martes, 4 de mayo de 2010

Una más:

nolita.toscani.jpg

Campaña social muy interesante:

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Publicidad

Esta página innova mucho dentro del concepto de publicidad que nos concierne a todos; este espacio que nos fue arrebatado y que nadie cuestiona, el bombardeo constante de imagenes en contra de nuestra propia voluntad. 

http://www.scaryideas.com/

Racismo y violencia simbólica...

La mayoría de organismos, público o privados, gubernamentales o no, hacen un énfasis en el cambio de leyes para organizar los cambios en las prácticas autoritarias o racistas o discriminadores o auto-excluyentes. Los cambios de orden simbólico son considerados, casi desde una perspectiva althousseriana, que vendrán con el tiempo. Caerán por su propio peso, o algo así. Lo cual es un gran error, porque es necesario primero “hacer conciencia” sobre las formas que tenemos para vincularnos simbólicamente con los demás y entender que la manera de formar una nación democrática e inclusiva será, no sólo tolerando al otro —en este contexto la tolerancia casi se entiende como “aguante”— , sino entendiendo que nosotros no existimos sin el otro. La supervivencia de la especie siempre será comunitaria. Entre todos. Sin el rostro del otro que nos devuelve nuestro propio rostro no podemos ni ser ni existir.

¿Cómo hemos construido la “otredad” en el Perú contemporáneo sino contruyendo alteridades a las que miramos desde dos perspectivas que no ayudan para nada: con desprecio o con asco y miedo?

Es así que, por ejemplo, en el debate sobre lenguas originarias en el Congreso del Perú el año pasado, la discusión entre Martha Hildebrandt y María Sumrire se produjo desde dos jerarquías organizadas de manera sustancialmente diferente. Hildebrandt se asume “doctora”, es decir, con conocimiento, pero además, blanca y criolla y le gusta hacer énfasis de su apego al autoritarismo —“me encantan los autócratas” ha comentado hace poco refiriéndose a Alan García y su supuesta mano dura— por eso mismo desprecia en el discurso y los hechos a Sumire, a quien no respeta porque considera que “no tiene el conocimiento”. Pero además porque, como sostiene lúcidamente Virginia Zavala en un artículo publicado en El Comercio, ejerce su dominio aposentada en una supuesta “superioridad cultural”. Se trataría de una especie de “racismo cultural”. 

Este “racismo cultural”, que no está centrado en el color de la piel sino, precisamente, en la lengua de origen o en la formación educativa del otro, es decir, en los “errores” de pronunciación del castellano, quechizándolo, o en los problemas por “ignorar” el conocimiento —cuando no tendrían por qué no ignorarlo— es otra de las maneras para acentuar las jerarquías, sobre todo, en ese espacio construido desde las jerarquías letradas y lingüísticas. Lo que el crítico uruguayo Angel Rama llamó “la ciudad letrada”.

La “ciudad letrada” es un término que introduce el teórico uruguayo Ángel Rama para vincular los espacios de poder político que organizar el imaginario simbólico de un país. Estos espacios muchas veces están vinculados estrechamente con sus clases letradas —abogados, jueces, legisladores, ministros pero también intelectuales y escritores— y donde se producen las leyes y normativas. Hoy en día la “ciudad letrada” se ha desterritorializado y también anida en espacios académicos fuera de América Latina como los centros de investigación y universidades con programas de estudios latinoamericanos en Estados Unidos y Europa, las revistas y diarios en español e inglés, entre otros. Algunos autores más radicales – Jean Franco— consideran que la ciudad letrada está “cayendo” y resurgiendo una ciudad mediática que, a su vez, organiza la idea de nación desde sus planes y perceptivas.

En todo caso recordemos que son las elites quienes manejen los hilos, tanto de la ciudad letrada, como de la nueva ciudad mediática. El dominio se ejerce desde la elites organizando a las grandes mayorías como seres a los cuales se les debe tutelar sino desechar de arranque. Esta manera de pensar, que definitivamente ha tenido uno de sus momentos cúspides en las intervenciones de Martha Hildebrandt o en las de Laura Bozzo, para hablar de la ciudad mediática, se organiza sobre una manera de “relacionarnos” desde discursos autoritarios.

Este tipo de discursos autoritarios se basa en una cultura patriarcal y colonial y opera a través de lo que llamo basurización simbólica, es decir, una forma de organizar al otro como elemento sobrante de un sistema simbólico, en este caso la nación peruana, a partir de conferirle una representación que produce asco. Este asco —que es un sentimiento poderoso y no se le debe naturalizar sino interpretar en la medida de la cultura que lo permite— deviene en una forma de rechazo de la otredad y cohesión de la mismidad a partir de una propuesta de jerarquización de las diferencias.

La basurización consiste en “la puesta en escena de mecanismos de descongestión del centro gracias a un uso estratégico de sus residuos. Estos residuos deben ser comprendidos a un nivel material y discursivo a la vez” (Daniel Castillo, en su ensayo “Culturas excrementicias”). Considero que este proceso no sólo funciona como una manera de crear centros y periferias económicas y sociales sino de re-localizar a las personas dentro de sistemas más amplios que sus comunidades locales (ergo, la comunidad nacional). Por eso adjunto el adjetivo “simbólica” a la primera conceptualización de Castillo. 

Los discursos autoritarios y basurizadores no se limitan a aquellos que manejan los grupos más radicales (subversivos, militares, grupos racistas) sino que son la forma cómo los peruanos han creído y siguen creyendo que funciona la política pública, forma que se condensa en lo que algunos analistas llaman “moral criolla” (Portocarrero), otros “cultura del tutelaje” (Nugent) y otros simplemente “ambigüedad ética”. El análisis de estos discursos, así como de las prácticas excluyentes que los justifican, permitirá aclarar la dimensión simbólica de la violencia supérstite. 

En el caso concreto de Laura Bozzo, por ejemplo, ella se posiciona ante el espectador como una de las “poderosas” de esta ciudad mediática, asumiendo el rol de supra-defensora de las mujeres pobres y de sus hijos, insultando directamente a los “padres desnaturalizados” o a los “maridos machistas”. Esta performance no sólo contribuye a fomentar los estereotipos masculinos y femeninos, sino que inclusive organiza la identidad de las mujeres pobres como seres abyectos que necesitan de ser tutelados. Utilizando una terminología feminista y jurídica, Bozzo estructura su discurso como una defensa de la mujer, sustentándolo superficialmente sobre la base del requerimiento de justicia, pero erigiéndose a sí misma como la representación más alta y solvente de la justicia práctica —más allá de la justicia burocrática— que soluciona los problemas con catarsis de llanto y compasión en cada uno de sus programas. De esta manera las mujeres que asisten a ellos sólo pueden exigir “compasión” y no reivindicaciones concretas perennizando el modelo de ciudadanía y tutelaje en el que se sustenta los estados latinoamericanos desde el siglo XIX.

En el caso de Martha Hildebrandt, como sostiene Zavala, “su discurso y su práctica no revelan una real preocupación por estos cambios en los pueblos indígenas. Al decir con desprecio que nadie sabe lo que es el idioma piro o que hay lenguas en extinción de 500 hablantes “perdidos por ahí”, la Dra Hildebrandt mostró una falta de perspectiva frente a los procesos históricos de racialización de las lenguas en el Perú”. Esto es muy preocupante pues, de alguna manera revela, y sigo parafraseando a Virginia Zavala, que es multiculturalismo se ha vuelto un asunto totalmente decorativo y sirve como un dispositivo de dominación porque no se cuestiona la desigualdad económica.

Asimismo el multiculturalismo desde esta “forma de asumirlo”, como una necesidad políticamente correcta de situarse frente a las instituciones, pero sólo como un engranaje falso que no produce ni destila absolutamente nada, además de marginación, es totalmente peligroso. Este multiculturalismo es el velo que permite ligeros cambios para seguir manteniendo todo como siempre: la desigualdad, la subalternidad, los discursos autoritarios y basurizadores.